lunes, 22 de julio de 2013

Mónica Bernabé, corresponsal y defensora de mujeres en Afganistán


A pesar que el tiempo ha provocado la amnesia natural de un tema muy tratado, es importante que sigamos recordando lo que representó Afganistán antes de ese fatídico septiembre 11.  El siguiente texto fue publicado en septiembre del 2001

AFGANISTÁN
Por Ulysses Ozaeta

Entrar a Kabul, la capital afgana, es entrar al mundo medieval, donde un puñado de hombres semianalfabetos del Corán tienen desde 1996 el poder político, religioso y militar del 90 por ciento de Afganistán.

Las calles son de terracería, no existen semáforos y mucho menos anuncios publicitarios, las casas semidestruidas son de un tono grisáceo producto de tres años de sequías, la ayuda proporcionada por la Organización de las  Naciones Unidas (ONU) fue empleada para uso militar, un tercio del millón de  habitantes de Kabul sobreviven gracias al trigo que les regala el Programa de Alimentación Mundial de la ONU, el cual ocupan para hacer panes y  venderlos.

Su economía es fundamentalmente agropecuaria, la cual no se ha desarrollado debido a la larga guerra civil; el arroz, trigo y maíz se cultivan con  fines de consumo interno, tiene también el primer lugar en la producción de  opio, el cual se vende para elaborar heroína.

Los recursos mineros son abundantes, pero debido a la inestabilidad  política y lo escarpado de su relieve se impide una explotación de ellos. Seis son los países vecinos de Afganistán: Pakistán, Tajikistán, Irán,  Turkmenistán, Uzbekistán y China.

La mujer tiene prohibido estudiar, trabajar, ir a la escuela o mostrar cualquier parte de su cuerpo por lo que deben vestir con la burka  (túnica que les cubre incluso los ojos y nariz); cuando salen a la calle, deben  ir acompañadas de un hombre.

Aquellas que no cumplan las leyes talibanas son apedreadas, emparedadas, mutiladas o asesinadas por motivos tan simples como mostrar la cara, esto ha provocado que un 97 por ciento de  las mujeres vivan en estado depresivo y un 42 por ciento lleguen a la locura o al suicidio.

La música fue prohibida, los pocos cines que existían están clausurados, la  televisión, el fútbol, los naipes y juegos de azar erradicados pues son  una  ofensa para Alá, todos los habitantes destruyeron sus aparatos electrónicos ya que de ser descubiertos con uno de ellos pueden ser ejecutados.

En marzo de este año, el régimen talibán destruyó dos imágenes gigantes  de  Buda en Bamiyán las cuales tenían 1500 años, provocando el repudio de  millones de personas.

Muchas actitudes de cerrazón hacia el exterior por parte del gobierno talibán, ha provocado miseria e ignorancia en su gente, con una población de 25 millones de habitantes sólo el 31 por ciento sabe leer y escribir, donde el libro autorizado es el Corán y sus únicos maestros los talibanes.






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